
Mostrando entradas con la etiqueta Misterios medievales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Misterios medievales. Mostrar todas las entradas
domingo, 2 de octubre de 2011
El buen rey en Jaume II de Mallorques

Por Josep Maria Osma Bosch
El pasado 29 de mayo se cumplió el séptimo centenario del fallecimiento del rey Jaume II de Mallorques. En ese día, en todos los territorios del usurpado y extinguido Reino de Mallorca, se le rindió tributo con diversos actos; aunque a decir verdad, fueron dos, por diferentes motivos opuestos, que destacaron sobre los demás organizados. En la Catedral de Mallorca, y con ausencia total de autoridades, después de oficiar una misa por su alma, representantes de las reales academias baleares e instituciones culturales, depositaron una corona floral sobre su sepultura. La otra cara de la moneda, fue la localidad céntrica mallorquina de Sineu, donde se le inauguró una estatua de cuerpo entero y en cuyo pedestal reza la inscripción JACOBUS II DEI GRATIA REX MAJORICARUM, evento que se vio ensombrecido por la interrupción de un grupo de personas, decían ser mallorquines, portando unas senyeres separatistas catalanas que increpaban a los que, con honor y orgullo enarbolaban la mallorquina, compuesta las cuatro barras horizontales rojas sobre fondo amarillo, franja vertical morada en la que figura el castillo de la Almudaina rematado por el Ángel Custodio del Reino, y creada por su hijo, el rey Sanç I de Mallorques (1277-1324) el 14 de diciembre de 1312.
Cuarto hijo cronológico y segundo varón de Jaume I y de su segunda esposa, Violant de Hungría (1215-1251), Lo Bon rey Jaume II (El Buen rey Jaume II) de Mallorques, nació en Montpeller el 30 de marzo de 1243. A los ocho años de edad, al quedar huérfano de madre fue enviado a París donde fue educado. Cinco años después, y tras ser reconocido heredero del Reino de Mallorques, empezó a ejercer de forma provisional su futuro cargo regio y para ello, contó con un excelente equipo de consejeros entre los cuales figuraban el dominico Raimundo de Penyafort (1177-1275) y Ramon Llull ( 1232-1315), futuros santo y beato respectivamente, éste último, en 1276, ya perteciendo a la Orden de San Francisco, obtuvo el patrocinio del monarca biografiado para fundar en Miramar, término municipal de Valldemossa, la Escola de Llengues Orientals, centro de docencia para la formación de frailes menores en futura misión de predicar la religión cristiana en tierras hebreas y árabes; además de donar los terrenos, Jaume Ii concedió al nuevo colegio una renta anual de 500 florines. Además de ser instruido en las letras, diplomacia y ciencias, también lo fue en el terreno militar. Nuestro príncipe, con tan sólo doce años de vida junto a su hermano Pere ( 1240-1285), recibió el bautismo de la milicia en la campaña de Murcia, donde su padre, fue a auxiliar al rey de Castilla e yerno suyo, Alfonso X el Sabio que intentaba reprimir la rebelión de los sarracenos locales. En esas acciones bélicas, el venidero rey de Mallorques demostró una gran capacidad de valentía y estrategia siendo incluso felicitado por el papa Clemente V (1264-1314).
En el 1275, a pesar de haberle sido pactado un matrimonio con Beatriz de Saboya, contrae esponsales por amor con Esclaramunda de Foix ( 1245-1300), dama de alta alcurnia catalana con la que tuvo la siguiente descendencia: Jaume (1275-1330), renunció al trono para hacerse franciscano; Sanç, ( 1277-1324), futuro rey de Mallorques; Ferran (1278-1310), príncipe consorte de Acaia y Morea y padre del futuro Jaume III (1315-1349); Felip, regente de Mallorques y Abad de la abadía de Saint Martín de Tours (1288-1349); Elisabet ( 1280-1301), casada con el infante Juan Manuel (1282-1348), nieto del rey Alfonso X (1221-1284) de Castilla y (1221-12849 , y Sança,(1284-1345) que sería reina consorte de Nápoles.
El 12 de septiembre del año siguiente, en la iglesia de Santa Eulàlia de Ciutat de Mallorques, en el mismo templo que 2l de agosto de 1256 era reconocido como futuro rey de los mallorquines, y tras la muerte de su padre, Jaume era entronizado como Rey de Mallorca, conde del Rosselló y Cerdanya y señor de Montpellier, heredando un reino compuesto por los territorios insulares de Mallorca; Menorca, todavía ocupada por los árabes y rindiéndole vasallaje; Eivissa, bajo administración eclesiástica del obispo de Tarragona; Formentera; Cabrera; y las zonas continentales, hoy de soberanía francesa, Rosselló, Cerdanya, Conflent, Vallespir; las baronías de Carlades y Aumeladès, y las ciudades de Montpellier y Perpynià, esta última compartiría junto a Ciutat de Mallorques la capitalidad del reino.
El 20 de enero de 1279, Jaume II declara y reconoce a su reino de Mallorques como feudatario del rey de Aragón, su hermano Pere III el Gran; el aragonés creía que el padre de ambos, el difunto Conqueridor, había dado demasiadas concesiones a su hermano menor, el mallorquín. Pero, seis años más tarde, Pere con el pretexto de que Jaume había facilitado la invasión francesa y papal de Catalunya por territorios mallorquines como el Rosselló, cosa cierta, toma prisionero a nuestro monarca, quien estaba convaleciente de una pasajera enfermedad, a su esposa y sus dos hijos menores que a la sazón se hallaban en Perpinyà dándoles presidio en el mismo Palau dels Reis de Mallorca, donde días más tarde, y con ayuda de algunos fieles, nuestro soberano se evadió por una alcantarilla refugiándose en un lugar más seguro, el Castell de Larroque, en las estribaciones pirenaicas.
El rey de Aragón preparó la invasión de la isla de Mallorca, pero, al morir de forma súbita, fue su hijo, Alfons III el Lliberal (1264-12919) quien haría efectiva esa ocupación en octubre de 1285. El 19 de noviembre, después de una valerosa y épica defensa de los mallorquines, entró en Ciutat tomando el resto de la isla con la excepción de las fortificaciones de Santueri, Alaró, y Pollença, las cuales se rindieron poco tiempo. Alfons, siendo ya rey de Mallorques, conquistó Eivissa en 1286 y un año después hizo lo propio con Menorca.
El monarca mallorquín, también conocido como el Prudent, después de habérsele usurpado su reino, se hizo propio el refrán que dice donde las dan, las toman y quiso pagar con la misma moneda al regio aragonés y sobrino suyo con el intento de invadir su territorio soberano, fin que no pudo llevar por cuestiones ajenas a su voluntad.
Después de morir el rey Alfons III, le sucedió en el trono su hermano Jaume II el Just (1261-1327), el cual, después de firmar la paz con Francia y los Estados Pontificios y a instancia del papa Bonifacio VIII (1235-1303), devolvió el reino a nuestro Jaume, gobierno que volvió a posesionar el 25 de julio de 1298.
Dos años más tarde, según el Llibre del delmar lo bestiar depositado en el Archivo Del Reino de Mallorca, fundó las villas de Algaida, Binissalem, Campos, Felanitx, Llucmajor, Manacor, Montuïri, Sa Pobla, Sant Joan, Santanyí, Sineu, Selva, Petra y Porreres. Doto a sus súbditos de bienestar potenciando la agricultura, ganadería, comercio e industria. Continuó las obras de la catedral; construyó el castillo de Bellver, las residencias reales en Sineu, Valldemossa y Manacor, los conventos de San Francesc y de Santo Domingo de Ciutat; reformó la Almudaina, el palacio real de Perpinyà, las murallas de Maó y Ciutadella; institucionalizó la Universidad de Montpellier; fundó una ceca de moneda y otorgó nuevos privilegios y un moderno sistema jurídico a su país, Mallorques.
Jaume II, murió el 29 de mayo de 1311 en Ciutat. Según su testamento, emitido el 6 de febrero de 1306, fue sepultado delante del altar mayor de la catedral de Mallorca. El rey Carlos III (1716-1788), en 1779, mandó construirle un mausoleo en forma de sopera rematado por una corona real. En el año 1947 se trasladaron sus restos mortales de la capilla real a la de la Trinitat del mismo templo mayor en un artístico sepulcro con estatua yaciente realizado en alabastro por Frederic Marés, escultor catalán, que también es de su autoría los de Jaume III de Mallorca, quien reposa eternamente junto a su abuelo Jaume.
En 1997, el Consell Insular de Mallorca declaró que cada 12 de septiembre se celebrase la Diada de Mallorca en recuerdo de aquel mismo día del año cuando nuestro biografiado se convirtió en el primer monarca privativo de la dinastía mallorquina jurando la Carta de Franquezas y Privilegios del Reino de Mallorca, su base jurídica.
Etiquetas:
Mallorca,
Misterios medievales
domingo, 17 de abril de 2011
El malogrado Jaume IV de Mallorques

Por Josep Maria Osma Bosch (josepdemallorques@gmail.com)
Según el Thalamus Parvus, fue el 24 de agosto de 1338, cuando los reyes de Mallorques, Jaume III (1315-1349) y Constança de Aragón i Entansa ( 1318-1346), hija del rey Alfons IV el Benigne de Aragón (1249-1316) y de Teresa de Entensa ( ---1327), vieron alegradas sus vidas con el nacimiento de su segundogénito, el primer varón, que sería bautizado con el nombre de Jaume; ya tenían una hija, Elisabet ( 1337-1403). Ese día, todo el territorio del Reino de Mallorques, y sobretodo en Perpinyà, lugar de la venida al mundo del neonato, fue una autentica jornada festiva, en la que todas las clases sociales celebraban la continuidad sucesoria de la Corona mallorquina. Los propios monarcas, queriendo agradecer las muestras de adhesión, cariño y de porfía que mostraron sus súbditos a sus personas, abrieron algunas zonas privadas de su residencia real, como sus famosos jardines con cientos de especies, y su, o menos conocida, colección de zoología, para que pudieran ser admirados por e que quisiera; además, se organizaron, para continuar con el día lúdico, carreras de caballos, competiciones deportivas y torneos abornados de justas.
El 11 de septiembre de 1338, Jaume, con tan sólo un año de edad, era proclamado, de forma oficial, heredero al trono. Sus primeros años de vida transcurrieron en encastillo-palacio de Perpinyà, donde, bajo la tutela de su tío Pagà (--- 1349), hermanastro de su padre, estudió las materias comunes y se ejercitó en el manejo de las armas y tácticas bélicas, disciplinas que en un futuro, y no muy lejano, empezaría a demostrar su valía, bravura y heroísmo en el campo de batalla.
Los tiempos de paz y de prosperidad que disfrutaba la nación mallorquina desde los tiempos del reinado de Sanç I (1276---1324), llegaban a su fin. En esos días, reinaba en Aragón-Catalunya Pere IV el Ceremoniós (1319-1387), también llamado el del Punyalet, en castellano el del Puñalito, debido a un pequeño puñal que solía ceñirse a su cintura, quien recobró la ancestral pretensión de unir el reino mallorquín con el suyo; el aragonés se amparaba en el testamento de Jaume I el Conqueridor (1208---1276) por el cual tipificaba que mientras las dinastía tuviera línea sucesoria masculina serían los legítimos herederos a la Corona, en caso contrario, los derechos dinásticos pasarían a Aragón. Ya en otras ocasiones, sus antecesores lo habían realizado por la fuerza de las armas. En 1286, Alfons III el Lliberal invadió las Islas Baleares, las cuales, trece años después, su hermano y heredero, el futuro Jaume II el Just (1261-1327), y a instancias del papa Bonifacio VIII, las devuelve a su pariente Jaume II de Mallorques (1243-1311).
Al fallecer el rey Sanç I sin descendencia directa, en vida nombró sucesor a su sobrino Jaume, el futuro III de Mallorques, hijo del infante Ferran (1278-1316) y de Elisabet de Sabrán (1297--- 1315), pero el Just de Aragón reivindico sus derechos a la Corona mallorquina. Por minoría de edad del joven rey asumió la regencia del reino su tío Felip (1288-1337), abad del San Martín de Tours, en Francia. Al año siguiente, el monarca aragonés ordenó a su hijo, el príncipe Alfons la ocupación de los territorios de ultramar y continentales del Reino de Mallorques; pero, de nuevo, por intersección de la Santa Sede, esta vez por Juan XXII ( 1249-1334), los retorna renunciando al Trono , acordando el contrato matrimonial del soberano mallorquín y con la nieta de Jaume II de Aragón, Constança, ambos párvulos de diez años de edad; Jaume III, mediante esta unión pasaba a rendir vasallaje anualmente a la Corona de Aragón.
El 27 de febrero de 1342, Pere IV de Aragón citaba judicialmente a Jaume III de Mallorques para que en el plazo de 26 días se presentase delante de su persona en la corte real de Barcelona par responder a los delitos que se le imputaban de acuñación falsa de moneda barcelonesa y circulación de la misma por el Rosselló. El mallorquín, llegado el día de la comparecencia, no se presentó; pero si lo hizo el 23 de julio, y acompañado de su esposa y de sus dos hijos, Jaume y Elisabet, alojándose en el convento de San Francisco. Jaume III ordenó construir un puente cubierto de madera que comunicaba su galera con el cenobio. Tras la entrevista entre los dos reyes, ambos cuñados, el de Aragón, sabiendo la indisponibilidad de su hermana, quiso visitarla en el convento; pero, un fraile predicador le advirtió que todo era un complot para secuestrarlo y trasladarlo al castillo de Alaró, en Mallorca. Sin Perder tiempo, Pere encargó aun familiar suyo raptar a su hermana Contança y a sus dos sobrinos. El soberano de Mallorques, ante la negativa de su cuñado de devolver a su familia, partió hacía sus dominios. El 5 de junio de 1345, los dos infantes fueron puestos en libertad y protegidos por el papado en la sede de Avignon; por su parte, la reina, poco después de recobrar la libertad en 1346, fallece en Montpellier.
Entre 1343 y 1344, Pere IV se apoderó de las Baleares y del Rosselló. Jaume III, con la dote de 15.000 florines de oro de la dote de su segunda esposa, Violant de Vilaragut (1320-1377), con la que se casó en 1347, y con los 120.000 talentos de oro obtenidos por la venta de la ciudad de Montpellier a Felipe de Valois (1243---1350), reclutó a un notable ejército y armada naval con la intención de recuperar su reino usurpado.
El domingo, 25 de octubre de 1349, Jaume III, habiendo desembarcado con sus tropas unas semanas antes en las costas de Pollença, en el nordeste de Mallorca, y avanzar por el interior de la isla, sin hallar apoyo popular a su causa, y teniendo alguna escaramuza con las armas aragonesas, el grueso de los dos ejércitos entablan una gran batalla en la planicie de Galdent, a poca distancia de la localidad de Llucmajor, en el levante mallorquín. Amedio día, el monarca mallorquín, tras ver morir asaetado a su portaestandarte real y a la vez hermano natural, Pagà, y sentirse orgullos de su hijo, el infante Jaume, que con once años de edad, espada en mano, y herido gravemente en su rostro, luchaba como uno más contra las huestes de su tío, es derribado de su caballo y al caer a tierra era degollado por un almogávar catalán.
Una vez capituladas las fuerzas mallorquinas a Gilabert de Centelles, gobernador general de Mallorca, éste, por mandato personal de Pere IV, privó de libertad a la reina viuda, a la infanta Elisabet y a su servidumbre en el castillo de Bellver; el príncipe Jaume fue trasladado a la fortaleza de Xàtiva, en València. Tiempo después, el monarca aragonés, no contento con el trato benevolente que por parte del alcaide del castillo, Pere de Vilanova, daba a su sobrino, ordenó que fuera recluido en el Castell Nou de la Ciudad Condal, y que fuera encerrado por las noches dentro de una jaula de hiero sin poder ser visitado por nadie; únicamente, y con seguridad mediante soborno, recibía libros procedentes del fraile dominicano y maestro de teología Antoni Ginebreda.
Durante la vida carcelaria e infrahumana que padeció el infante mallorquín, muchas fueron las peticiones de clemencia dirigidas al rey Pere IV, en las que destacaron las reiteradas hechas por el pontificado, pero el aragonés hizo caso oídos sordos a todas ellas. El Ceremoniós exigía a su sobrino, a cambio de su libertad, que renunciase a su favor los derechos hereditarios de la Corona mallorquina, por supuesto, Jaume se negó al trato propuesto por su tío.
En la noche del 1 al de mayo de 1362, un grupo de partidarios de la Casa Real de Mallorca, al mando de Jaume de Sant Climent, chantre de la catedral de Barcelona, y que por ser administrador de los bienes del príncipe prisionero tenía acceso libre a la fortaleza-prisión, tras sobornar a la guardia principal, y con llaves falsas, accedieron a la celda donde se hallaba Jaume y tras asesinar al carcelero, Nicolau Rovira, lo liberaron, el cual, vestido de campesino, pudo llegar al puerto barcelonés y embarcar en un navío con rumbo a Nápoles. Pere IV, que en ese momento se hallaba ausente de la Ciudad Condal, sólo saber la noticia de la evasión de su sobrino, dispuso en estado de alerta a sus tropas en el Rosselló, y ordenó al gobernador general de Mallorca, Bernat de Tous, controlar los movimientos en el puerto de la capital isleña, y acentuar las vigilancias en el litoral, ya que llegaron rumores a su oído, resultaron falsos, que el mallorquín huido iba a bordo de una galera de pabellón de Castilla que navegaba por esas aguas.
Un año después de su rocambolesca y organiza evasión de Barcelona, nuestro personaje, concretamente, el 31 de mayo, contrae matrimonio con la reina Juana I de Nápoles ( 1326-1382), doce años mayor que él, sobrino suya, hija de su primo Carlos de Nápoles (---) y doble viuda, de Andrés I de Hungría (1327-1345) y de Luis de Tarento ( 1320-1362); la soberna había hecho caso omiso al papa Urbano IV( 1310-1370) que le aconsejaba que el mejor partido para ella y su nación era el poderoso, influyente y rico príncipe Felipe, duque de Borgoña e hijo del rey de Francia. El mallorquín, con ese contrato matrimonial, no sería considerado rey de los napolitanos, simplemente consorte, ni recibiría sus honores, en cambio, se le otorgó el título de duque de Calabria.
Transcurridos cuatro años de vida palatina, donde no faltaron recepciones y saraos, Jaume, buscando apoyo para reconquistar su reino, en Burdeos se alía con Eduardo, príncipe de Gales y Woodstock, conocido como el Príncipe Negro ( 1330-1376) por el color de su armadura, hijo de Eduardo III de Inglaterra ( 1312-1377), y apadrinando al futuro Ricardo II de Inglaterra (1367-1400 ); los ingleses eran coligados del rey Pedro I el Cruel de Castilla (1350-1364) en la guerra civil que mantenía contra su hermano bastardo, Enrique de Trastámara (1334-1379), y el reino de Aragón.
Durante la contienda, el infante mallorquín mandaba la retaguardia de ese ejército, formada por unos 10.000 hombres, tanto a caballo como a pie. En todas las luchas que participó demostró su denuedo ante el enemigo, pero, donde destacó más que en esas otras, fue el 3 de abril de 1367, en la batalla de Nájera, donde contribuyó a la derrota del pretendiente Trastámara. El ejército anglo-castellano siguió su avanzada triunfal por tierras de Castilla, conquistando importantes plazas como Burgos y Valladolid. En ese momento, los ingleses, al haber cumplido su parte del trato, se prepararon para regresar a su lugar de origen, Burdeos. Antes de las partida, Eduardo de Gales invitó al nuestro aguerrido príncipe unírsele, pero el mallorquín, enfermo y cansado de tanta campaña bélica, prefirió quedarse en la ciudad vallisoletana.
Transcurridos unas semanas, la situación había cambiado totalmente. Enrique de Trastámara, tras ser derrotado en Nájera, estando exilado en Francia, entraba de nuevo en Castilla por Aragón y reconquistó gran parte del territorio. Una vez en Valladolid, hizo prisionero a Jaume, a quien trataba de “Rey de Mallorques”. Nuestro convaleciente héroe le rogó a Trastámara que no lo entregase a su tío, Pere IV de Aragón, petición que vio cumplida pero fue recluido en el castillo de Curiel de Duero, a poca distancia de la capital del Pisuerga. Pasado el tiempo, fue liberado tras ser abonado un alto precio de rescate por Luis d´Anjou (1339---1384), hijo el rey Carlos V de Francia (1338--- 1380).
Tras verse en libertad, Jaume, en vez de acudir junto a su esposa en Nápoles, fue a acogido por su parientes los condes de Foix, y posteriormente a Montpeller y a Omelades donde es recibido por su hermana, entonces viuda de Juan Paleólogo, marques de Montferrato (1338---1372), y finalmente pasa a residir en Avignon, donde bajo la protección del papa Gregorio XII (1326-1417) empieza a tejer hilo para una confrontación bélica contra su tío.
En 1374, estando en Narbona, con la ayuda de su hermana, de Luis d´Anjou y de su antiguo captor, y ya rey de Castilla, Enrique de Trastámara, logra reunir un ejército de 6.000 mercenarios franceses, gascones, teutones y bretones. Jaume de Mallorques, al frente de esa variopinta tropa y con el pendón real de Mallorques, el que creó su tío-abuelo, el rey Sanç I el 14 de diciembre de 1312, y con la inestimable compañía de su hermana Elisabet, cruza por varios territorios que pertenecieron a su padre, consiguiendo innumerables ayudas y adhesiones de la población. Días después, tras descansar en la abadía de Sant Martí del Canigó, entra en Catalunya por la Seu d´Urgell, y practicando una táctica de guerrillas, logra llegar cerca de Barcelona. Pero, el invierno se acercaba y decidió pasarlo en tierras de castellanas, concretamente en la ciudad de Soria, donde es acogido en la casa de Ferran, acerdiano de esa localidad.
El 16 de febrero de 1375, hallándose enfermo nuestro príncipe de altas fiebres, dictó testamento, por el cual legaba a su hermana, que esos momentos finales de su malograda vida permanecía día y noche a su lado, los derechos hereditarios de la Corona mallorquina. Medio año después, Elisabet, siendo titulada Regina Majoricarum, a cambio de l castillo de Lavour, en Francia, y la suma de 120.000 florines de oro, cede esos derechos a Luis d´Anjou, personaje que siempre había anhelado tener su propio reino. También, en sus últimas voluntades, Jaume de Mallorques, una copia de ese documento se halla depositado en el Archive National de Francia, disponía, que tras su fallecimiento, ocurrido días después, ser enterrado en la nave central de la iglesia conventual de los frailes menor franciscanos de Soria; en 1618, un incendio dejó en ruinas el cenobio seráfico, perdiéndose la pista de sus restos mortales, en caso de ser halladas, y en proyecto está su búsqueda, deberían ser enterrados, con honores de Jefe de Estado, en la capilla real de la Trinitat de la catedral de Mallorca, donde descansan eternamente dos reyes mallorquines: Jaume II, su bisabuelo y Jaume III, su padre.
JACOBUS IV REX MAJORICARUM ANIMA EORUM REQUIESCAT IN PACE. AMEN
Etiquetas:
Mallorca,
Misterios medievales
Los Templarios en la Isla de Mallorca

Por Jesús Ávila Granados
La ciudad de Palma de Mallorca condensa buena parte de los mitos y leyendas medievales de las islas Baleares, gracias a la presencia de una importante judería y a la actividad de alquimistas y templarios, cuyos caballeros participaron en la conquista cristiana y en las tareas de repoblación y mantenimiento de las culturas antecesoras a través de sus ritos y construcciones
El archipiélago balear fue durante los siglos medievales –exactamente entre los años 902 y 1349– un territorio de la España insular muy codiciado. Primero fueron los hispano-musulmanes: Califato de Córdoba (902-1015); reino taifa de Denia (1015-1076); los taifas de Zaragoza; luego un período de taifa independiente, durante el cual, entre 1114 y 1115, la isla de Mallorca sufrió un sangriento saqueo por parte de una flota de barcos pisanos y catalanes. Seguidamente se establecieron los almorávides (1115-1203), y después los almohades, que poseyeron el archipiélago balear hasta el año 1229, fecha de la conquista cristiana, protagonizada por el monarca Jaime I, tras partir del puerto de Salou.
Una vez las islas se convirtieron en un territorio cristiano independiente del Reino de Aragón, se produjo la progresiva sustitución socio-cultural de los autóctonos isleños por un sustrato humano de origen mayoritariamente catalán. Así se desprende a la vista del predominio de los apellidos, aunque también los hay occitanos, gracias a la estrecha relación que mantuvo Mallorca con la ciudad de Montpellier (Languedoc).
Durante este período, que culminó en el año 1349, se sucedieron tres monarcas en la corona cristiana balear: Jaime II (1276-1311), Sancho (1311-1324) y Jaime III (1324-1343). Con la muerte de éste último, en la villa de Llucmajor, cerca de la montaña sagrada de Randa, y el encarcelamiento de su hijo, el futuro Jaime IV de Mallorca, en la terrorífica fortaleza de Xàtiva (Valencia), por orden de Pedro IV de Aragón, se disipó todo intento de mantener independiente el territorio insular, llamado por los hispano-musulmanes las islas Orientales de al-Andalus. El archipiélago volvió a integrarse plenamente en el Reino de Aragón.
Este sería, a grandes trazos, el resumen de las principales etapas de las islas Baleares durante los siglos medievales. Solo queda añadir que, con las masacres del pogrom de 1391, la esplendorosa judería mallorquina cayó en desgracia, por haber sido asesinados la mayoría de sus miembros y desaparecer definitivamente en 1435. Esa comunidad dejó tras de sí un brillante legado cultural y científico en materia de cartografía y mapas. Siete siglos después, ese legado sigue siendo materia de estudio por eruditos de la navegación de todo el mundo.
EL ASEDIO CRISTIANO
A uno de estos miembros de la judería de Palma, Abraham Cres-ques, le debemos la confección de El Atlas Catalán, realizado en 1375 y conservado en la Bibliothèque Nationale de París, fruto de un regalo de la Corona catalano-aragonesa al monarca francés Luís XI.
Al igual que sucedió en las más importantes conquistas cristianas de las ciudades hispano-musulmanas, con los ejércitos de Jaime I iban las órdenes militares de su tiempo, y el Temple no fue una excepción. La ciudad hispano-musulmana de Palma cayó después de tres largos y sangrientos meses de asedio cristiano, durante los cuales se protagonizaron, por ambas partes contendientes, terribles escenas, como la colocación por parte de los almohades en los muros exteriores de la alcazaba de los prisioneros vivos cristianos, para recibir en sus cuerpos los impactos de las catapultas lanzadas desde las maquinarias de asalto, o bien el lanzamiento al interior de la ciudadela de las cabezas de los prisioneros musulmanes degollados. Esta conquista, que tuvo lugar en 1229 y de la que poco se han ocupado los medievalistas, merecería un estudio especial ya que en aquel tiempo el máximo dignatario del Temple fue maestre catalán Pere de Montagut (1219-1233).
Palma, conocida tras la conquista cristiana como la Ciutat (ciudad), era la urbe por excelencia, la capital administrativa y comercial de Mallorca, la mayor isla del archipiélago. Con el reparto del territorio, los templarios recibieron la quinta parte de la isla, y fijaron en la Ciutat su sede oficial, concretamente en el Castell dels Templers (Castillo de los Templarios), baluarte que se hallaba anexo a la muralla. Aún se conoce en nuestros días esta zona urbana de la ciudad de Palma como Partita Templi. Es curioso que en este barrio también se encuentre el convento de los Franciscanos, en cuyo interior reposan los restos de Ramon Llull (1235-1315), llamado con justicia el Doctor Iluminado. Él es el mallorquín más universal, a quien se debe el descubrimiento de la piedra filosofal, autor de la obra Ars Magna. Iniciado en las obras y estudios herméticos, tuvo serios problemas con la Iglesia. Según Llull, Dios creó de la nada una sustancia: el mercurio, conocido como plata viva (argentum vivum), de la cual surgieron las demás cosas. Después de realizar el peregrinaje a Santiago y a la villa de Roca-madour (Francia), Ramon Llull, en 1305, decidió ir a Tierra Santa. En plena travesía, fue víctima de un envenenamiento por parte de sus propios servidores, sobornados por el pontífice Clemente V, pero gracias a su fortaleza física y a la intervención de los médicos templarios en Chipre, el más célebre de los alquimistas hispanos logró salvar la vida. Falleció una década después con la profunda tristeza de haber contemplado la caída de sus queridos templarios, víctimas del mismo pontífice que atentó contra su vida, y también de las ambiciones del monarca francés Felipe IV el Hermoso.
ARRABAL TEMPLARIO
Junto al convento de San Francisco, también en el arrabal conocido actualmente como Partita Templi, se alza la iglesia de Santa Eulalia. No es casual que este edificio estuviese estrechamente vinculado con las logias de canteros, colectivo que contaba con el respaldo total del Temple. Aún se pueden apreciar en el edificio una gran variedad de marcas grabadas en las piedras que forman parte del aparejo, algunas de las cuales contienen signos masónicos (el mallete, el compás, la escuadra…).
Cabe destacar que gran parte de la judería de Palma también se hallaba dentro de este arrabal templario. La abadía templaria, de la que solo se conserva su magnífica fachada, se alza sobre cimientos de construcciones defensivas que habían formado parte de la ciudadela almohade, la Madina Mayorga (Alcazaba de Gomera), una fortaleza roja, formada por tres recintos. Fue precisamente sobre el tercero de ellos donde los templarios alzaron sus construcciones más sagradas, como la dicha abadía, cuyo templo sigue ofreciendo una luz y unas dimensiones catedralicias.
GALERÍAS SUBTERRÁNEAS
Este enclave templario sirvió, en tiempos del monarca Jaime I, para guardar el inmenso botín arrebatado a los almohades tras la conquista cristiana y más tarde, tras la supresión del Temple, para encerrar a los últimos caballeros de la isla ya en tiempos del monarca mallorquín Sancho. A finales del siglo XIX, al llevarse a cabo unas obras en las calles de Llull y San Buenaventura, se descubrió una galería –de más de dos metros de altura, y por la cual podían pasar juntos tres hombres– que enlazaba el convento templario con el palacio de la Almudaina.
Pero los templarios no solo se fijaron en la ciudad de Palma, desde la cual podían controlar el resto de Mallorca, sino que también les atrajeron muy especialmente algunos de los lugares de poder de la isla. De forma muy particular, les interesó la sierra de Tramontana, que en sentido suroeste-norte, recorre todo el contorno de poniente de la isla de Mallorca. En esta sierra es donde se alzan las montañas más altas de la isla, y donde se encontraban determinados puntos orográficos de interés para la Orden.
El santuario del Lluc, con el culto a una imagen coronada en 1884 como reina y patrona de Mallorca, es uno de los lugares más interesantes de la geografía templaria de la isla. Allí arriba, después de haber atravesado un territorio de viejos olivos, el viajero descubre un enclave místico, donde los magos templarios implantaron el culto mariano en Mallorca a través de una imagen conocida también como la Moreneta (morena), de 61 centímetros de altura. Según la tradición, fue hallada por un pastor y ermitaño en 1240 en el interior de una gruta. En su tocado se lee: «Nigra sed formosa sum». El Niño reposa en el brazo izquierdo portando un libro abierto, como animando a descubrir las esencias de los saberes gnósticos. A ella están vinculados otros cultos en esta misma iglesia (Ana, san Bernardo, María Magdalena, san Juan Bautista, etc.), que igualmente forman parte del cosmos espiritual del Temple.
Es importante recordar que toda la zona en donde se alza este santuario está preñada de montañas sagradas, grutas que sirvieron de marco de celebración de ancestrales cultos paganos y que presentan innumerables construcciones megalíticas, y calzadas que, más que para enlazar poblaciones, marcarían el supuesto tránsito de líneas energéticas que enlazaban enclaves sagrados.
Uno de estos enclaves es, sin duda, la villa de Pollença, que se corresponde con una importante posesión templaria, recibida por el Temple en 1230, tras la conquista cristiana. Se sabe que desde Sóller y Alcúdia, poblaciones que delimitan los límites de la sierra de Tramontana, los templarios tuvieron 22 alquerías. Una de ellas fue la de Pollença, pero dejemos que sea el erudito Juan García Atienza quien nos describa el lugar: «Camino de La Alcudia, una senda remonta la ladera del montecillo llamado el Puig Son Vila, hacia la masía de Sa Torre. A poca distancia, nos encontramos con los restos bastante bien conservados, de un talayot (construcción megalítica) que todo el mundo conoce como el Fort dels Templers, que pudo servir de torre de vigilancia de los freires».
LA GRUTA DE SAN MARTÍ
Lamentablemente, de aquel recinto solo quedan algunos fragmentos de columnas, pero sin embargo, es la referencia para alcanzar la meta que buscarán afanosamente nuestros lectores: la cueva de Sant Martí, en las entrañas del Puig de Sant Martí, ya en el municipio de Alcudia.
La gruta de Sant Martí es un lugar que sorprende, pues su disposición no es horizontal, sino vertical, como si un tubo volcánico emergiera de las entrañas de la tierra. En las paredes laterales se abren las dependencias de unos espacios excavados por los templarios en la roca viva, con el objeto de que sus oficiantes, en el más absoluto silencio e intimidad, pudiesen llevar a cabo sus ritos bajo una luz cenital que entra por el agujero superior a modo de chimenea natural. Dentro de este enigmático enclave no faltan grafitos, igualmente templarios, cuyo significado aún no se ha podido descifrar. Algunos están relacionados con el mar (la costa está a pocos metros del lugar), y no sería nada extraño que, en su día, los templarios lograran alcanzar la costa alargando las excavaciones subterráneas de esta gruta.
Dentro de Pollença aún se conservan numerosos testimonios legados por los templarios. Uno de ellos es la casa donde fijó su residencia el lugarteniente de la Orden, ubicada en la esquina entre las calles Colón y del Temple, muy transformada en nuestros días. También fueron templarias la casa de s’Aigua y la de s’Ombra. Todo ese arrabal perteneció a los caballeros de la cruz paté. A pocos metros se encuentra la iglesia de Santa Maria dels Àngels, que fue el convento templario de la localidad. También fue del Temple el calvario, enclavado en el llamado Puig del Temple, cuyo camino de subida constituye un viaje al más profundo recogimiento.
La isla de Mallorca, por lo tanto, gracias a su estratégica ubicación, fue el escenario de singulares gestas, donde los caballeros templarios escribieron momentos de gran belleza socio-cultural, que debemos rescatar de la historia no oficial.
ARTÍCULO APARECIDO EN LA REVISTA LA ESPIRAL DEL CONOCIMIENTO Nº 7, MAYO-JUNIO DE 2006.

La Orden del Temple y el reino de Mallorca

Por Josep Maria Osma Bosch
¿Quiénes fueron esos monjes-guerreros?. ¿Cuál fue su modus operandi durante sus casi dos siglos de existencia?. ¿Por qué siempre han sido tema de estudio e interés tanto para profesionales como aficionados a la Historia haciendo verter sobre ellos ríos de tinta y una incipiente y mal documentada filmografía?. ¿Continúa existiendo la Orden en el siglo XXI?. ¿Qué relación tuvieron los templarios con el Reino de Mallorca?
Según nos relata Jacques de Vitry, obispo de Acre en una de sus crónicas, corría el año de 1118 cuando un reducido grupo de nueve caballeros galos y flamencos amigos, gratos y enviados de Dios, capitaneados por Hugues de Payns, conde Champagne, y bajo la dirección espiritual de del abad Bertrand de Fontainnes-les-Dijon de Clairvaux, se presentaron en Yerushalaym (Jerusalén) delante de su rey, Balduino II y del patriarca de ese reino latino, ofreciéndoles sus servicios de cobertura de seguridad y protección a los peregrinos que iban por los caminos de Jaffa y Ramleh y que finalizaban en Jerusalén donde oraban delante de los Santos Lugares, vías que estaban infectadas ladrones y facinerosos que desvalijaban a los viajeros procedentes de muchos lugares del mundo. El soberano les concedió para su noble y piadosa función, dándoles asentamiento en las cuadras de su regia residencia, el Templo de Beit ha- Mik dash ( Salomón), cercano a la mezquita de Al-Aqsâ (La Roca); de esa inicial instalación les origina el apelativo de sus primeros tiempos: Orden de los Comilitones del Templo de Salomón, y más tarde, simplemente, Orden del Temple. Pero, los verdaderos motivos, según nos relatan dos cronistas de la época, como el citado anteriormente obispo de Vitry Guillaume de Tiro, era hallar tres elementos de gran poder: el Santo Grial, la copa de la sabiduría; la Arca de la Alianza ( Arón Habrit) y las Tablas de la Ley ( Lujot Abrit).
La Orden es oficializada en el año 1129, siendo el propio Bertrand de Clairvaux quien les redactada un reglamento especifico similar al benedictino compuesto por 72 artículos seccionados en una docena de capítulos e imponiéndoles tres votos esenciales: castidad, obediencia y pobreza. Ese reglamento interno fue aprobado en el Concilio de Troyes por el papa Honorio II. Once años después, otro papa, Inocencio III, suscribe la bula Omne Datum Optium por la cual concede a los templarios varios privilegios y el tutelaje directo de la Santa Sede. En el 1145, el papa Eugenio III les otorga como emblema particular una cruz paté roja sobre hábito blanco que sea signo triunfante y que jamás den la espalda a ningún infiel, y usar el lema con el cual serían siempre identificados: Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam (No para nosotros, Señor, no para nosotros, sino para la gloria de tu nombre). Como estandarte adoptaron el beauseant, compuesto de los colores blanco y negro sobreponiendo en su centro la cruz ochavada roja.
A igual que todas las instituciones y estamentos, la Orden del Temple tuvo días de luces y de sombras. Fue en el año 1138 cuando recibió su bautismo de guerra y no con muy buenos resultados, ya que en esa primera batalla, librada en Taqoa contra los otomanos, murieron muchos templarios siendo el resto hechos prisioneros. En el 1244 fue la pérdida de La Forbie, sucumbieron en la lucha más de trescientos efectivos; en el 1291 se perdió la plaza de San Juan de Acre, hecho que hizo a la Orden abandonar Tierra Santa. Pero, también nuestros templarios se cubrieron de gloria en infinidades de ocasiones, por ejemplo, salvando los territorios de Ultramar de las salvaciones sarracenas, morir heroicamente seis de sus grandes maestres en el campo de batalla, rescatar de su cautiverio al rey Louis VIII de Francia en el año 1148, y la gran victoria en el 1177 sobre el sultán egipcio Salah ad-Dîn Yusuf al-nyyobi ( Saladino).
París, 18 de marzo de 1314, Jacques de Molay, último gran maestre del Temple y otros treinta y seis subordinados suyos, tras haber sufrido un largo e ilegal proceso judicial iniciado el 14 de octubre de dos años antes, y haber visto disolver la Orden mediante la bula Vox Clamantis y desposeídos de su enorme patrimonio con otra bula, Ad Providam Christi Vicarii, las dos firmadas por el papa Clemente V, títere y vasallo del rey Felipe IV el Bello, de Francia, son condenados por herejes, blasfemos, sodomitas, simoníacos, herméticos, ocultistas, traidores, apostatas, idolatras, libertinos, relapsos, sinárquicos... Siendo ajusticiados en unas hogueras levantadas en una diminuta isla del río Senna, frente a la catedral de Notre-Dame. Era el crepúsculo de la cofradía templaria y el génesis de su leyenda iniciatica, caballeresca y religiosa que perdura hasta el día de hoy.
Casi a finales del siglo pasado, es decir, el XX, un informe elaborado por el Vaticano sacó a la luz pública una relación de más de medio millar de organizaciones que se auto proclamaban herederas de la Orden del Temple, y la mayoría de las, por no decir su totalidad, con ostentación de nombres y reglas rimbombantes como sacadas de un best seller literario, y con sus dirigentes acaparándose a la vez títulos nobiliarios y estudios docentes del más alto nivel y nutriéndose económicamente de la ilusa persona que a cambio de entregarles un notable montante monetario recibía un ajuar de vestimentas, emblemas, condecoraciones y armas blancas e invitándole a rituales iniciaticos propios de una producción del séptimo arte; todo lo contrario de la frase que dijo Abraham Lincoln: “ Si quieres ganar un adepto para tu causa, convéncelo primero que eres su amigo sincero”. Pero, no todas hay que catalogarlas por el mismo rasero, ya que algunas se dedican dar a conocer por diversos medios de comunicación, bien sean en prensa, Internet, publicaciones gráficas, conferencias sobre la historia de aquellos Soldados de Cristo que siempre combatieron en vanguardia e inferioridad frente al enemigo en muchos campos de batalla y fueron fieles a sus idearios. De todas formas, esas nuevas organizaciones “templarias”, están lejos de la realidad de aquella Orden de caballería con doble función religiosa y militar más emblemática, poderosa, marcial, valerosa, enigmática y espiritual de todas las fundadas en todos los tiempos de la era cristiana.
Veamos acto seguido, y para concluir este artículo, la relación que tuvo la Orden del Temple con nuestro reino de Mallorca. Después de una cruenta campaña bélica, saldada por innumerables bajas entre invasores e invadidos, el 31 de diciembre de 1229, el ejército feudal cristiano entra victorioso en Madîna Mayûrqa. En el mes de abril siguiente, el rey Jaume I de Aragón, ya titulado Rex Majoricarum, dispuso el reparto del botín obtenido entre todos los participantes de aquella “cruzada”. La Orden del Temple, tutora del soberano en su adolescencia, obtuvo en ese partición infinidad de prebendas y bienes en las actuales localidades de Esporles, Porreres, Caimari, S´Aranjassa, Inca, Sóller, Pollença, Montuïri, Randa, Catellitx de la Pau y en Escorca, donde fundador el Santuario de Lluc, centro espiritual de Mallorca. En Ciutat, la capital del nuevo reino, les tocó la Almudaina de Gumâra, antigua fortaleza árabe y puerta de muralla llamada Bâb al- Gumâra (actual calle del Temple), en ese lugar establecieron la primera encomienda templaria mallorquina; también obtuvieron el puerto cercano de Almonetir (Es Portitxol), 365 inmuebles, medio centenar de talleres artesanales, más de medio millar de caballerías, huertos, molinos, hornos...y por último destacar la localidad de Pollença, sin ninguna clase de dudas el territorio templario más importante de Mallorca, donde ejercieron la administración de la justicia civil , criminal y eclesiástica teniendo incluso la potestad del cumplimiento de las penas de muerte en el montículo conocido en esa época como El Puig de Ses Forques o dels Templers, hoy llamado el Calvari además contaban con su estratégico puerto de mar.
Etiquetas:
Mallorca,
Misterios medievales
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



